Existen personas que consideran que los adultos somos quienes mostramos el camino a los más pequeños. Les cuento algo: muchas veces puede ser a la inversa. Eso fue lo que hace unos días, una pequeñita me mostró.
A Camilita la descubrí pastoreando a sus ovejitas en las tierras de un pariente al que había ido a visitar. Ella siendo hija de uno de los trabajadores de él, estaba autorizada a pastear por allí. Es cuando la divisé a lo lejos y me acerque para darle una fruta que como parte de nuestro refrigerio. Por alguna razón acepté ir. La salude y ella me correspondió con un raro "Buenos Días Señorita", algo que en la ciudad pocas veces escuchas. Pero pasando a lo realmente importante, entrando un poco en confianza me contó que estaba algo agripada, y que su mamá se encontraba en un hospital cercano. Ante la tristeza en sus palabras, decidí bromearle con que las ovejitas ya no querían comer porque ellas no las pasteaba. Tal y como me lo comentara su padre antes. Sin reparar la niña simuló una sonrisa y me respondió que así parecía.
Pero repentinamente como si una niña tomara la actitud de un adulto, añadió: "Si ellas no comen, yo tampoco".
Pudiese entenderse como algo real y bastante común pero es la primera vez que encuentro una niña en realidad así. El trabajo es una necesidad, es el status para algunas, mientras que la única forma de sobrevivir para otros. Y ante las necesidades de aquellas que no cuentan con las mismas facilidades y oportunidades que otros,la madure llega más pronto de lo que parece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario